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Epitafio

Yace aquí
un pedazo
de tí y de mí.
Ligero, fugaz, rápido
eterno...
Hay aquí
una llama infinita
de tu amor y mi amor.
Y así también
tu y yo
vertidos,
vaciados en la tierra;
como sembrando
sueños...
Fortunato Hernández Sierralta
En Memoria de Gabriela María, mi hija...

[MAMA2.jpg]

Oración

Madre… cuando muera…
tómame en tus brazos,
Báñame en tus besos cariñosos, puros;
ciérrame los ojos que han de estar oscuros…
cuando muera madre…
tómame en tus brazos.

Levanta mi frente hasta el infinito
y el dolor que sientas dámelo en la boca,
deja madre mía que se vuelva roca
que yo me la llevo al cielo bendito.

Ponme a mis hermanos a la cabecera,
junto a la mesita donde están los santos…
que no lloren, madre, quiero oír sus cantos
desde lo infinito por la vez primera.

Que extiendan sus manos tocando las mías
y aprieten mis dedos con su fuerza loca
que suspiros tiernos salgan de sus bocas
penetrando en mi alma con melancolía.

Que recen El Credo, El Ave María,
como cantos de himnos, lejanos y extraños,
pasarán oh madre, los lánguidos años,
morirán las cuitas en el alma mía.

Y estará en silencio toda la osamenta
cubierta de polvo junto al tiempo yerto;
tú verás oh madre que este amor no ha muerto,
te amaré en silencio, como estrella incierta.

Mas, no llores madre, que ese llanto mata.
no suelten tus ojos infernal dolor,
no ves madre mía que en la vida ingrata
la risa es un llanto cuando evoca amor.

Madre… Cuando muera,
que no estén los hombres formándote lazos,
ni estén las mujeres a tu alrededor,
que no estén los niños con los pies descalzos
y en la planta misma sentir el dolor.

Que estén las coronas de flores graciosas,
rojas, amarillas, verdes cual jardín,
y en la frente madre un blanco jazmín,
en la mano un lirio y en la boca rosas.

Y luego… en la tarde hacia el cementerio
por la calle alegre de aquella mi infancia,
donde todo paso era una esperanza
sin duda ni hastío: Ambrosía y misterio.


Llegada el final…la fosa ya abierta.
recen mi oración, el último anhelo;
la fosa cerrada, la fosa cubierta…
Padre Nuestro que estás en los cielos…

Madre…cuando muera…
de tu boca dulce arranca un consuelo,
pónmelo en mis labios con suave ternura,
dame de tus ojos la última dulzura,
tómame en tus brazos, levántame al cielo…

Fortunato Hernández Sierralta
Carora 27 de Junio de 1969
En Solitario

[soledad.jpg]

















Yo,
el amigo,

Yo,
el hermano,
hermano del amigo,
amigo del hermano.

Yo,
casi siempre,
en solitario.
Acostumbrado a ser
mi hermano mismo,
y en soledad,
al borde del abismo
convencerme
y hablarme
como amigo.

Yo,
mi hermano,
mi hermano amigo,
mi mismo hermano.

Yo,
en solitario.



Fortunato Hernández Sierralta.
Carora, 01 de Octubre de 2008.
A Pablo Arapé, Orlando Alvarez
y a Gerardo castillo,
hermanos del alma.

[La+ausencia.jpg]

Vengo de donde no hay regresos
y sin embargo he podido volver
a buscar alivio entre tus besos
cansado vuelvo pero vengo a vencer.

Vengo de donde el sol no alumbra;
lugar oscuro inmerso en las tinieblas,
vengo de hurgar tristezas de penumbras,
a encender la llama entre tus nieblas.

Irme ya no es posible y aquí estoy,
vine a quedarme, huesped en tu existencia,
no incistas alejarme, no me voy
no regreso al camino de la ausencia...

Fortunato Hernández Sierralta
Carora 22 de Junio de 1989

Un laberinto es mi vida
Sin salida y sin entrada
cuando le encuentras pasada
te haces la desentendida.


Para el engaño es el beso
la bala para el ladrón
al santo es la procesión
y la reja para el preso;
para Dios siempre es el rezo
para el que escapa, la huida,
para el que tiene una herida
y que como yo la aguanta
puede cantar cuando canta:
un laberinto es mi vida.

Por eso, si en ocurrencia
pretendiera la riqueza
de seguro la pobreza
plantearia su presencia.
Para el qu sufre, paciencia,
para el que llora, la almohada
para un alma atormentada
sin sociego y redención
le ha de tocar la prisión
sin salida y sin entrada.

Para el no poder, los sueños;
para un muerto, sepultura,
la tumba brinda su anchura
a aquel que tiene por dueño;
mi amor para tí es pequeño
y lo ahogas en la nada,
tu puerta siempre cerrada
no le permite llegar
y lo sabes aguantar
cuando le encuentras pasada.

Para quien ama, traición,
y para el perro, el sobrado,
para la guerra el soldado
y al que espera, la ilusión;
al que peca es el perdón
la sangre para la herida
y tú que aprietas mi vida
sin ninguna compasión
cuando sientes emoción
te haces la desentendida.

Fortunato Hernández Sierralta
04—06—89
"Lo que es, ya antes fué,
lo que será, ya es"

Quiera el tiempo que quiero
darle tiempo a mi tiempo;
que el momento que espero
venga inserto en el tiempo,
y es que el tiempo que espero
son los tiempos del tiempo.

Todo tiene su tiempo
tiene todo medida:
En su tiempo la muerte
tiempo tiene la vida.

Fortunato Hernández Sierralta 1979

Coincidencias

Entre tu y Yo existen coincidencias,
Tú Viajera inalcanzable,
Yo, andante y sin urgencias.
Barrunto que el destino
nos depara inclemente su camino:
coincidir solitarios en la ausencia.

Fortunato Hernández Sierralta


[olvido.jpg]


Hasta aquí
ha llegado mi olvido,
hasta el eco distante
de la voz que se fue,
hasta el quieto murmullo
de arrolluelo perdido
hasta el agua,
hasta el surco,
hasta el sueño que amé.
Hasta aquí
ha llegado mi olvido.
Ya no siento
no escucho,
no retengo la imagen,
el sueño que amé mucho,
el pasado distante,
el tiempo que añoré,
no me estremece el frío,
y la duda,
que abona
la estéril y ya muerta
pradera de mi fe
no me llama a la puerta,
no creo en el recuerdo
ya todo lo olvidé.
Hasta aquí
ha llegado mi olvido
hasta el eco distante
de la voz que se fue.


Fortunato Hernández Sierralta
Carora Marzo de 1976



Sabrás de mí cuando en el mar te bañes
y a las olas escuches conversar
cuando el viento marino al pasar
murmure mis recuerdos y me extrañes.
Sabrás de mi cuando el agua te moje,
cuando tu cuerpo desnudo al viento
tibio y frío a la vez viva el momento
de saber que agua soy y te sonrojes.
Y allí estaré, hecho sal y hecho bruma;
seré sol, ser arena, seré tu pensamiento.
Estaré entre la espuma, seré el viento
y en la noche de estrellas seré luna.
Sabrás de mi cuando del mar te alejes
y en tus pasos me lleves todavía,
seré el camino de tus nuevos días
seré tu sombra y así nunca me dejes.
Y vivirás en mí; ya no habrá calle
que no evoque el recuerdo de tu vida,
llevaré en mis antojos una herida
y habré de recordarte con detalle.
Sabrás de mí,
cada noche mi sueño viajará,
cuando dormida estés ser tu almohada,
tu sábana seré, y aunque olvidada
he de ser la palabra que un día te robé.
Sabrás de mí cuando escuches la radio y me avisores
escribiendo vivencias y olvidado;
sabrás de mí cuando no esté a tu lado
y otro hombre se atreva a hablar de amores.
Y en cada amanecer seré tu compañía,
y en cadá despertar con fiel olor a olvido
herido y taciturno me encontrar perdido
con mi triste existencia y mi cruel agonía.
Sabrás de mí porque contigo iré.
Por mucho que lo evites me hago sombra;
ya mi vida te llama, ya mí vida te nombra
y aunque no me recuerdes, yo te recordaré.
Sabrás de mí nadie olvida sus pasos.
Soy camino.

Fortunato Hernández Sierralta
Carora, 13 de Abril de 1.989.
[silla+sola.jpg]
No estoy solo,
ando conmigo.
He deambulado
desvalido tantas veces,

que aprendí
a acompañarme
y a mi defender.

Yo conmigo.

No solo.

Suficiente.

Y cómo me flanqueo.
Debo decirte,
que falta no me hace;
Yo soy solo,
siempre,
y así lo asumo.

El silencio de los otros
para eludirte,
tiene su encanto.
Vivir el placer de ser auténtico
y crecerse en lo propio.

Me siento feliz
con ese yo que eternamente
ha sido
mi entereza.

La soledad
tiene su embrujo.

Tu libertad, te hace,
que sola como yo
también
tú te acompañes.

Barrunto que el destino
nos depare inclemente su camino:
coincidir solitarios
en la ausencia

Yace aquí
un pedazo
de tí y de mí.
Ligero, fugaz, rápido
eterno...
Hay aquí
una llama infinita
de tu amor y mi amor.
Y así también
tu y yo
vertidos,
vaciados en la tierra;
como sembrando
sueños...
Fortunato Hernández Sierralta
En Memoria de Gabriela María, mi hija...


Querido hijo, amado hijo





Hoy quiero hijo mío
contarte cuando sueñas
cómo brilla una estrella
su verdad en el río,
que me escuches confío
que me tengas piedad,
quiero que la verdad
sea siempre tu estrella
y aunque mueras por ella
buscarás la verdad.

Hoy quiero cuando sueñas
y abrazas fantasías,
contarte cosas mías
desandando mis huellas.
Y al buscar mis querellas
en mi ignota niñez
voy sobando otra vez
mis errores pasados
que conservo guardados
y que nunca los ves.

Hoy quiero hijo mío
expresar mi embeleso,
y en el calor de un beso
que acaricie tu frente
librar mi voz ausente
para hablarte muy quedo,
y llorarte, que aún puedo
contarte realidades,
que señalan verdades
con fuerza y con denuedo



porque soy imperfecto,
hombre al fin, con errores,
desdeñado de amores
y excluido de afectos.
Me he plantado insurrecto
vaciando realidades
y diciendo verdades
en la difícil lucha
si una mente me escucha
otra ve falsedades.


La verdad, aunque hiera,
pero ponle dulzura;
que no exista amargura
en tu voz plañidera;
que semeje una hoguera
de candente ceniza
que al soplar de la brisa
elevada y ardiente
apacigüe silente
un ahogo en la risa.

La verdad, aunque asombre,
pero arropa su herida,
la verdad con que el hombre
debe enfrentar la vida.
Esa verdad ungida
que remedio no tiene,
esa con que previene
la aprendida lección
o la que en tropezón
te avisa y te detiene


Hoy quiero hijo mío
contarte mi experiencia
y que así tus urgencias
no se mueran de frío,
que el dolor del hastío
no cante su plañir,
que te evite el sufrir
al mirarte en mi espejo
cuando pruebes el dejo
que te da mi existir.

Aprende en mis errores
y asúmeme en lo bueno
no reedites estrenos
de imprecisos autores,
y si te hablan de amores
de encantos y pasión
atiende a la intuición
que la mente te indica
y calla al corazón
que sin razón abdica.


Apacible y sin miedo,
humilde pero erguido,
imponente en tu credo,
y al perdón, atrevido.
Al pobre, lo debido,
justicia y equidad,
y elevar la verdad
la verdad verdadera
la verdad que es sincera
porque es la verdad


No te humilles, se altivo
y aunque soberbio suene
no haya acción que refrene
tu sentimiento vivo
cuando habiendo motivo
a defender tu orgullo
por eso que es tan tuyo
como es la dignidad
implantes la verdad
de defender tu orgullo.

La dignidad, primero,
la dignidad , segundo,
la dignidad, tercero,
la dignidad del mundo.

La dignidad, la tuya,
la dignidad del otro.

Hoy quiero hijo mío
contarte cuando sueñas
cómo brilla una estrella
su verdad en el río,
que me escuches confío
que me tengas piedad,
quiero que la verdad
sea siempre tu estrella
y aunque mueras por ella
buscarás la verdad.

Fortunato Hernández Sierralta
[tierras+aridas.jpg]
Diluídos amarillo y marrón
sobre la tierra.
El agua los regó.
Y jugando a ser vida
se amalgaman, se juntan,
se comprimen, se esparcen,
se separan, se riegan.
Diluídos el diluvio ancestral
se los trajo.
Amarillo y marrón que se arcillan
bajo un sol calcinante.
Amarillo y marrón
de la tierra,
amarillo y marrón
que reciben
expandiendo sus átomos
la raiz del cardón
elevado a los cielos.
Que se muelen al paso del harado,
y en los surcos de marrón y amarillo
recibir la semilla,
acariciar el agua,
y desprender la vida hoja a hoja...

Mis manos
se hundieron
en la tierra
y al palparlos...
presentí
que también mi mañana
tiene color
de amarillo y marrón...


Fortunato Hernández Sierralta
La tarde tiene un extraño
matiz rojizo y ocre,
los rizos de las nubes
se tornan vaporosos
y al trasluz que denotan
apacibles figuras
se divisa muy tenue
la redondez del sol.
la tarde tiene un matiz
de sangre y barro.
Pareciera que absorbió
el color de la tierra;
que bebió sus brebajes
y aspiró en lo profundo;

que se hundió entre sus grietas,
que se mojó en sus charcos
recogiendo sus ondas
y elevose de nuevo.
La tarde tiene color de tierra,
la tarde es tierra y sol,
principio y fin.
La tierra tiene color de tarde;
la tarde tiene color de arcilla,
la arcilla tiene color de sangre.
La sangre tiene el color
del alma de la tarde.

Fortunato Hernández Sierralta
      Humo soy




Cada vez más humo soy;
y en toda elevación de las cenizas
soy menos del lugar a donde voy
y parto cada día mas aprisa.
Así soy en tu vida, humo ligero
voluta gris que solo engendra sombras
y al recordar mi nombre si me nombras
culpables son tus ojos sí me vieron.
Humo soy, viajero inaccesible;
y cuando sopla el viento que me mueve
mi esencia inmensurable se conmueve
y me hago cada vez menos visible.
Humo soy en tu vida, solo eso,
voluta gris que solo engrendra sombras
castigas a tus labios si me nombran
y apartas mis memorias de tus rezos.
Y es la brisa que inventas mi agonía
esa brisa que alientas y que presiento,
soplas para alejar la vida mia;
y es que el humo se va cuando hace viento.
Fortunato Hernández Sierralta
Carora, 02 de Mayo de 1.989.